Brianna es uno de esos nombres que llegan antes incluso de que seas del todo consciente de por qué, de esos que dices: «si algún día tengo una más…».
No fue una elección pensada desde la cabeza, sino desde la historia que envuelve a esta camada.
Brianna es un nombre de origen celta que significa fuerte, noble y virtuosa. Y no habla de una fuerza ruidosa o evidente, sino de esa que se sostiene en el tiempo, de la calma que no se quiebra y de la nobleza que se percibe sin necesidad de gestos grandes. Exactamente lo que transmite la nuestra desde muy pequeña.
En esta camada decidimos que los nombres tendrían un hilo común muy claro: Outlander.
Y todo empieza con James, su padre.
La persona que fue nuestra auténtica celestina para que esta camada existiera —tanto en la unión de James con Astrid, como tiempo atrás en la de Patrick con Odette— está profundamente enamorada de James. Siempre lo ha estado. Y, casi sin darse cuenta, siempre me lo traía envuelto en referencias a esta serie que tanto le marcó. Conversación tras conversación, ilusión tras ilusión… la semilla estaba plantada. Así que cuando llegó esta camada, los nombres no se eligieron: simplemente se revelaron.
Brianna, dentro de ese universo, representa a la perfección ese equilibrio entre historia, carácter e ilusión.
Desde sus primeros días se mostró como una perrita especialmente tranquila, observadora, independiente. De esas que no hacen ruido pero ahí están. A nivel físico, muestra ya una estructura preciosa, muy correcta para su edad, con unas proporciones que invitan a soñar y a proyectar futuro.
Tenemos muchas ganas de verla crecer y disfrutarla en las competiciones, no desde la exigencia, sino desde el placer de acompañar un desarrollo bonito, coherente y fiel a lo que ella es. Brianna no necesita correr: va a llegar lejos si hacer ruido.
Brianna es calma, templanza y elegancia.
Una de esas perritas que no piden ser el centro de atención pero inevitablemente lo son.